EL ANTINACIONALISMO ACOMPLEJADO

Los esfuerzos que en los años 70 realizaron la izquierda y la derecha durante la Transición por hacerla pacífica, conllevó no sólo la renuncia a los ideales de cada uno para lograr una mejor convivencia, sino que en la cuestión nacionalista provocó que sólo se realizaran cesiones por parte de los ‘constitucionalistas’. Y por si fuera poco, los nacionalismos periféricos aprovecharon el complejo de aquéllos a ser tachados de franquistas, que elevaron al máximo sus pretensiones autonomistas y además dejaron vía libre para una posterior vía secesionista.

Treinta años después, la derecha acomplejada habla para la izquierda, tratando de aparentar que no es derecha; la izquierda, mientras, olvida sus orígenes de oposición férrea al nacionalismo, y se dedica a seguir regalando concesiones a los nacionalistas para sentirse más ‘progre’. Al final, derecha e izquierda pactan la estabilidad del Estado precisamente con quienes no creen en el Estado español, con los independentistas. Los llamados ‘gobiernos de progreso’, compuestos por socialistas y nacionalistas (con compañía comunista en algunos casos) tildan a la derecha acomplejada de reminiscencia fascista, cuando en realidad el fascismo se produce de la unión del socialismo con el nacionalismo. Este ensayo trata también la diferencia entre la extrema derecha y el fascismo, pues aunque sus consecuencias son parecidas, sus orígenes ideológicos y sociológicos son diferentes.

Por último, propone una idea de una España unida, solidaria y con un importante papel en la esfera internacional, si bien desde una concepción muy alejada del recurrente nacionalismo españolista.